El problema: la lista del bolo se hace a ojo
Rober canta en un grupo de versiones que se mueve por bares y fiestas de pueblo. El contrato casi siempre dice lo mismo: dos pases de cincuenta minutos con un descanso en medio. El repertorio, en cambio, se monta a mano alzada en el grupo de WhatsApp el día antes, copiando la lista del bolo anterior y cambiando cuatro cosas.
El resultado lo conoce cualquiera que haya tocado: o se quedan cortos y hay que estirar con dos temas que nadie ha ensayado, o se pasan veinte minutos y el del bar empieza a mirar el reloj y a encender luces. Nadie sumaba nada, entre otras cosas porque sumar minutos y segundos a mano es un engorro y porque siempre falta lo mismo: el tiempo muerto entre canción y canción.
Lo que le pidió a Claw
Hazme una lista donde yo escriba el título de cada canción y sus minutos y segundos. Que pueda cambiarlas de orden y quitar las que caigan. Que me sume el total y me avise cuando pase de cincuenta minutos. Y súmale cuarenta segundos a cada una por lo que se tarda entre tema y tema, que es lo que nunca contamos.
Lo que apareció
Una pantalla con una fila por canción: título, minutos, segundos y una cruz para eliminarla. Flechas para subir y bajar cada tema. Abajo del todo, en grande, el total real: la suma de las canciones más los cuarenta segundos de margen por cada una. En verde mientras cabe, en rojo en cuanto se pasa del límite.
- Un separador para partir la lista en primer y segundo pase, con su total cada uno.
- El límite de cincuenta minutos se puede cambiar, porque en las fiestas del pueblo les piden hora y media de tirón.
- Al quitar una canción, el total se recalcula al momento y se ve si ya entra.
La probaron en el ensayo del jueves. Cayeron dos temas largos que arrastraban desde hace años, entró uno nuevo y el primer pase se quedó en cuarenta y ocho minutos contados. El sábado terminaron a la hora.
Por qué tiene sentido que se genere ahí mismo
El local de ensayo es un sótano donde no entra cobertura, y la mitad de los pueblos donde tocan tampoco van muy sobrados. Una app que necesite conexión para cargar no sirve de nada justo cuando hace falta.
Esta no la necesita: el modelo genera la app dentro del navegador y ahí se queda funcionando. Tampoco hubo que dar de alta a nadie con su correo ni instalar nada en cinco móviles distintos, y el repertorio —que para un grupo es medio patrimonio— no viaja a ningún servidor. Se queda en el móvil de Rober, que es exactamente donde tiene que estar.
Si tienes una lista que no para de descuadrarse, pídesela a Elffuss Claw: se genera en tu navegador, funciona sin conexión y lo que escribas no sale de tu dispositivo.
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