La parte difícil de una boda no es la ceremonia ni el baile. Es ese cuarto de hora del cóctel en el que hay que sacar las fotos de grupo. Ruth lleva nueve años haciéndolas y siempre pasa lo mismo: la familia se dispersa por el jardín, alguien se ha ido al baño, la abuela está sentada y no se va a levantar dos veces, y ella va cantando combinaciones de memoria con una lista a boli en el reverso del parte de trabajo.
El fallo típico no es sacar una foto mal. Es no sacarla. Y te enteras una semana después, por mensaje: «Ruth, ¿tenemos alguna con los tíos de Badajoz?». Pues no.
Una finca en la sierra y media raya de cobertura
La boda de agosto era en una finca a veinte minutos de carretera de tierra. Cobertura, la justa para que el móvil dijera que sí y luego no cargara nada. Descartadas todas las apps de listas que se sincronizan con no se sabe qué. Descartado también, de paso, el momento de crearse una cuenta a las siete y media de la tarde con el arroz saliendo.
Aparcada en la puerta, con el equipo aún en el maletero, abrió Elffuss Claw y escribió lo que quería como se lo habría dicho a un compañero:
«Hazme una lista de fotos de grupo para una boda. Que pueda escribir cada grupo con su nombre, marcarlo cuando ya lo tenga y que me diga cuántos llevo y cuántos faltan. Quiero un botón para ver solo lo que falta y otro para vaciarlo todo y empezar la boda siguiente.»
Lo que apareció
- Un campo para ir añadiendo grupos: «padres de ella», «cuadrilla de Leire», «primos por parte de padre», «tíos de Badajoz».
- La lista con casillas grandes, de las que se marcan con el pulgar y la cámara colgando del otro brazo.
- Un contador arriba: 12 de 19.
- Un botón «solo lo que falta» que deja la pantalla con las cuatro pendientes y nada más.
- Y otro de vaciar, para la boda del sábado siguiente.
Lo probó, le faltaba algo y se lo dijo: que el siguiente grupo pendiente se viera en grande, para cantarlo en voz alta sin tener que leer letra pequeña. Se lo rehizo ahí mismo, con el móvil apoyado en el volante.
Los nombres se quedaron en su móvil
Aquí está lo bueno, y no es un discurso: la app se generó dentro del navegador de Ruth, así que funcionó igual de bien sin cobertura que con ella. Y la lista de esa boda —los apellidos, quién es la cuadrilla de quién, qué familia va por separado— no salió del teléfono. No porque Ruth sea desconfiada, sino porque son datos de clientes suyos y no tiene ninguna razón para dejarlos en el servidor de un desconocido a cambio de una lista con casillas.
Diecinueve grupos. Diecinueve hechos. Ningún mensaje el lunes.
Si tienes una lista que cada semana vuelve a escribirse a boli, pídesela a Elffuss Claw: se genera y funciona dentro de tu navegador, y lo que escribas en ella no sube a ningún sitio.
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