Jandro lleva cuatro años haciendo muebles en el garaje los sábados. No es carpintero, es comercial de repuestos, pero se le da bien y en su casa hace tiempo que no entra nada de kit. El encargo de este mes era para él: una estantería para el hueco del pasillo, melamina de 16, cinco baldas.
El problema nunca es cortar. El problema es la lista que lleva al almacén. Allí le cortan el tablero a medida, pero le cortan exactamente lo que ponga en el papel. Y el papel lo hace a boli la noche antes, con la cinta métrica en una mano y el café en la otra.
«El año pasado pedí las baldas de 800 clavados, como el hueco. Llegué a casa, metí los dos laterales de 16 y me sobraban 32 milímetros por fuera. Cinco baldas. Con el tablero ya cortado y pagado.»
Lo que le pidió
Lo escribió tal cual, sin pensárselo mucho:
«Una app para apuntar las piezas de un mueble: nombre, ancho, alto y cuántas. Que me sume los metros de tablero. Un botón que a la pieza que yo marque le reste dos veces el grosor, que el grosor se lo pongo yo. Y que se vea grande en el móvil, que en el almacén hay mala luz.»
Lo que apareció
Una sola pantalla, generada ahí mismo:
- Arriba, cuatro casillas — pieza, ancho, alto, cantidad — y un hueco para el grosor del tablero, que él puso en 16.
- Debajo, la tabla de piezas. Cada fila con un botón −2 × grosor que descuenta los laterales del ancho y deja la medida buena a la vista sin borrar la de partida, para poder comprobar.
- Al pie, el total en metros cuadrados y cuántos tableros hacen falta, contando lo que se come la sierra en cada corte.
- Un modo de letra gorda para enseñárselo al de la sierra, y la lista guardada en el propio navegador, así que el sábado siguiente seguía ahí.
No es bonita. Es exactamente lo que pidió y ni una casilla más, que es justo lo que no consigue con ninguna app de las de descargar.
Por qué no valía otra cosa
Programas de despiece hay, y buenos, pero son programas: instalar, registrarse, aprender. Jandro no quería aprender nada. Quería su papel de siempre, pero que no le mintiera.
Y hay otra parte que él ni menciona porque le parece obvia: las medidas de su pasillo, lo que le cuesta cada tablero y lo que está montando en su casa no tienen por qué viajar a ningún servidor. La app se escribió dentro de su navegador y se quedó dentro. Sin cuenta, sin subir nada. Detalle práctico, además: el almacén está en un polígono donde el móvil va regular, y en el mostrador la lista se abrió igual, sin cobertura.
Se llevó la hoja, pidió las baldas de 768 y esta vez entraron.
Si tú también llevas una chapuza en un papel arrugado, cuéntasela a Elffuss Claw en dos líneas y que te la monte: la app se genera en tu propio navegador y lo que escribas no sube a ningún servidor.
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