Marisol lleva veintiún días sin fumar. Después de quince años con el mismo tabaco de siempre, dejarlo a los cincuenta y dos con parches y fuerza de voluntad no ha sido tan duro como esperaba, pero necesitaba ver el progreso en algún sitio: un número que le dijera que iba bien cuando le entraban ganas de bajar a comprar una cajetilla.
Buscó aplicaciones para dejar de fumar y las fue cerrando una a una antes de terminar el registro. Le pedían el correo electrónico, alguna hasta el peso y la edad para personalizar el plan, y a Marisol no le hacía ninguna gracia que una empresa guardara en algún servidor que estaba en pleno proceso de dejar una adicción. Es asunto suyo y de su médico, no de una aplicación gratuita que luego vive de otra cosa.
Lo que pidió, con sus palabras
Ponme un contador de los días que llevo sin fumar, arriba, bien grande. Y que calcule lo que me estoy ahorrando: gastaba 5,50 euros al día en tabaco. Y un botón de me han entrado ganas que apunte la hora, para ver luego cuándo me da más el gusanillo.
Lo que apareció
Un contador enorme —21 días— con el ahorro acumulado justo debajo, actualizándose solo cada vez que abre la pestaña. Bajo eso, un botón, Me han entrado ganas, que cada vez que lo pulsa apunta la hora y va llenando una lista. A la segunda semana esa lista ya le decía algo que ella no sabía: casi todas las ganas fuertes le entraban entre las cinco y las seis de la tarde, justo al salir del trabajo, la hora a la que antes se fumaba el cigarro del autobús.
Le pidió dos cosas más, sin salir de la pestaña, y las tuvo al momento:
- Un botón, He recaído, que no borra el historial: abre una cuenta nueva al lado de la anterior, para no sentir que vuelve a cero del todo si algún día tropieza.
- Una frase que cambia sola según los días: a partir del mes, un mes sin fumar y tus pulmones ya han empezado a limpiarse, tomada de lo que le había explicado su médico y que ella misma le contó a la aplicación.
Lo que a Marisol le convenció de quedarse con esto y no con una aplicación de la tienda es justo lo que no tuvo que hacer: no dio su correo, no aceptó ningún aviso legal de veinte páginas, no instaló nada. El modelo que generó el contador corre dentro de su propio navegador, sobre la GPU de su propio equipo, así que sus ganas de fumar a las cinco de la tarde —un dato que no le contaría ni a su hermana— se han quedado donde deben estar: en su máquina, y en ningún otro sitio.
Si llevas una cuenta que prefieres no compartir con nadie, abre Elffuss Claw y pídesela: se genera y funciona dentro de tu navegador, sin subir un solo dato tuyo a ningún sitio.
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