Nando organiza desde hace tres temporadas la americana de los jueves en un club de pádel de Dos Hermanas. Son diez fijos y hay dos pistas. Ocho juegan, dos miran. Ahí empieza el problema.
Lo llevaba a papel. La primera ronda salía sola; la segunda, también. En la tercera ya tenía a Curro jugando otra vez con Mati mientras Jose encadenaba dos descansos seguidos sentado en el banco con cara de perro. Entre ronda y ronda se iban cinco minutos largos de él haciendo cuentas con el boli apoyado en la valla y ocho tíos preguntando lo mismo: «¿yo con quién voy?». Buscó apps de torneos y todas le pedían crear una cuenta, meter a los diez por correo y, la que hacía justo lo suyo, pagar por temporada.
Lo que pidió, con sus palabras
«Somos diez jugadores y dos pistas. Hazme una app donde meta los diez nombres y me saque las rondas: cuatro parejas por ronda y dos que descansan. Que nadie repita pareja hasta haber jugado con todos y que nadie descanse dos veces seguidas. Y que se vea grande en el móvil, para leerlo de un vistazo.»
Lo que apareció
Una pantalla con diez casillas para los nombres, un botón de generar y, debajo, el cuadro entero:
- Una tarjeta por ronda con Pista 1 y Pista 2, las parejas enfrentadas y, al pie, Descansan: Jose y Mati.
- Al lado de cada nombre, dos numeritos: con cuántos compañeros distintos ha jugado ya y cuántos descansos lleva. Se acabó la discusión de «a mí me ha tocado más veces».
- Un botón de siguiente ronda que ocupa media pantalla, pensado para darle con el dedo sudado y sin gafas.
- Y uno de hoy falta uno, que rehace el reparto con nueve sin tener que empezar de cero.
La primera versión le sacó las parejas como «Jugador 3 y Jugador 7». Se lo dijo tal cual —«ponme los nombres, que nadie se sabe su número»— y la siguiente ya salía con Curro, Mati y Jose donde tocaba.
Por qué mola que se genere ahí mismo
No instaló nada ni esperó a que se descargara ninguna aplicación: se lo pidió en el navegador y el modelo le montó la app en el propio móvil, en el rato del café. En el club la wifi va y viene, y en la pista de abajo el móvil directamente no engancha; da igual, porque el cuadro no viaja a ningún sitio para calcularse. Y los diez nombres del grupo, quién falla cada jueves y con quién juega cada uno no son un secreto de Estado, pero tampoco tienen por qué acabar en el servidor de nadie ni en una lista de correo para venderles una paletera.
Nando se guardó la app en la pantalla de inicio. El jueves siguiente, los cambios de ronda le duraron lo que tarda la gente en cruzar la pista.
Si tienes tu propio lío de cuadros, turnos o parejas, ábrelo en Elffuss Claw y pídeselo con tus palabras: la app se genera dentro de tu navegador y ni los nombres ni nada de lo que escribas sale de tu dispositivo.
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