En casa de Candela el domingo se come en dos turnos porque no caben. Catorce entre hermanos, cuñados, sobrinos y el abuelo, y nunca los mismos catorce: una semana falta la pareja del hermano mayor, otra aparecen dos amigos del sobrino. Ella compra el sábado por la mañana y lleva años haciéndolo a ojo.
El problema no era cocinar. Era el papelito.
Yo apunto «carne» y luego en la carnicería me quedo parada pensando cuántos somos y si Marta sigue sin comer cerdo. Y acabo comprando de más, que es lo que hago siempre.
Lo que pidió, con sus palabras
Abrió Claw un jueves por la noche y escribió más o menos esto:
Quiero marcar quién viene el domingo de una lista de personas que yo pongo. Cada uno con lo que no come. Y que me saque la lista de la compra con las cantidades según cuántos sean, con lo de carne separado por tipo.
Lo que apareció
Una pantalla con dos partes. Arriba, la gente: catorce nombres que ella fue metiendo, cada uno con una etiqueta de lo que no toca —sin cerdo, sin pimiento, celíaca, no pescado— y una casilla para marcar si viene. Abajo, la compra.
Lo bueno estaba en el medio. Candela había definido el menú por platos, y cada plato con su ingrediente y su cantidad por persona: 180 gramos de carne, un huevo y medio, dos patatas. Al marcar o desmarcar nombres, la lista se recalculaba sola. Y la carne salía partida: tantos gramos de cerdo, tantos de ternera, porque la app descontaba a quien no lo comía y lo sumaba al otro.
- Si el abuelo venía, aparecía una nota al lado del pisto: sin pimiento, apartar ración.
- Con la celíaca marcada, el pan pasaba a dos líneas.
- Y un total abajo, redondeado a lo que de verdad se compra: no 1.260 gramos, sino «kilo y cuarto».
Ese último detalle lo pidió después, en una segunda frase. Es lo que tiene que la app se genere al momento: no hay que esperar a que alguien la actualice.
Por qué esto no es una app de la tienda
Porque lo que hay dentro son los nombres de su familia y lo que cada uno no puede comer. La celiaquía de su cuñada no es un dato que Candela quiera dejar en el servidor de nadie, y tampoco es que le preocupe especialmente: simplemente no hace falta. El modelo que escribió la app corre dentro de su navegador, sobre su propia tarjeta gráfica. La lista se queda en el portátil de la cocina, que es donde la mira el sábado antes de salir.
Ninguna app de supermercado le iba a dar esto. Las cantidades por persona son las suyas, el reparto de carne es el de su familia, y el redondeo es el de su carnicero. Cosa pequeña, hecha a medida, en una tarde.
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