Dani lleva una casa rural de ocho plazas en la sierra de Gredos. Una vez por semana baja al supermercado grande del polígono y hace una compra que no se parece nada a la de su casa: ocho rollos de papel, no dos; garrafas de aceite; packs de agua; detergente en formato bidón. Y ahí empieza el problema.
Porque el lineal está diseñado para que no sepas qué sale mejor. Una marca te vende 1,5 litros, otra 1,2, otra un pack de seis de 0,33. Una pone el precio por litro en letra diminuta, otra lo pone por kilo cuando el producto es líquido, y la del 3x2 no lo pone en absoluto. Dani se pasaba la compra haciendo divisiones con la calculadora del móvil y apuntando resultados en una nota que luego no entendía.
Lo que pidió, tal cual
«Quiero poner cuatro o cinco opciones de lo mismo, el precio y la cantidad que lleva cada una, y que me diga cuál sale más barata por litro o por unidad. Que pueda escribir 6x0,33 sin tener que multiplicar yo. Y que se me quede guardado, porque la semana que viene vuelvo.»
Lo que apareció
Una pantalla con un producto arriba («agua», «detergente», «papel») y debajo una lista donde vas metiendo opciones: nombre corto, precio y cantidad. En el campo de cantidad acepta lo que escribas de verdad: 6x0,33 l, 1,5 l, 12 ud, 750 g. Lo normaliza por su cuenta.
Según añades, la lista se reordena y la opción más barata por unidad se queda arriba con su precio real al lado: 0,38 €/l, 0,51 €/l, 0,44 €/l. Debajo, una línea seca que es la que más le gustó a Dani: «la grande sale un 14% más cara que el pack». Sin gráficos ni florituras.
Y lo que pidió al final: los productos se quedan guardados con sus opciones, así que la semana siguiente solo tiene que actualizar los precios que hayan cambiado. Si el pack subió, lo ve al instante.
Por qué tiene sentido que se genere ahí mismo
Esto no es una app que merezca la pena instalar. Es una herramienta de quince minutos que Dani necesitaba en ese pasillo, con sus unidades y su forma de apuntar. Buscar en una tienda de aplicaciones algo que casi encaje, aguantar anuncios y darse de alta habría costado más que el problema.
El modelo que la escribió corre dentro del navegador de Dani, sobre su propia tarjeta gráfica. Así que la app funciona igual en la zona del almacén donde el móvil se queda sin cobertura, y lo que compra cada semana —cuánto gasta, en qué, de qué marcas— no es asunto de nadie más: nunca sale del dispositivo porque nunca hay nada que enviar.
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