Paula tiene en la cocina un cuaderno con tapas de hule que le llegó en una caja desde Rosario cuando murió su tía Elba. Son ochenta y tantas recetas escritas a boli, con letra inclinada y alguna mancha de grasa: la pastafrola, los alfajores de maicena, el bizcochuelo de los cumpleaños. La letra se entiende. El problema son las medidas: todo va en tazas, cucharadas «colmadas», «un pocillo de leche» y «manteca del tamaño de un huevo». Y Paula tiene báscula, no tazas.
Primero probó con el buscador. Cada web le daba una cifra distinta para la misma taza de harina y ninguna sabía qué era un pocillo. A la tercera receta ya tenía una hoja llena de tachones.
Lo que pidió
Abrió Elffuss Claw y escribió tal cual:
«Quiero un conversor para recetas antiguas argentinas. Yo elijo el ingrediente (harina, azúcar, maicena, manteca, leche, cacao…) y la medida (taza, media taza, cucharada, cucharadita, pocillo) y me dices los gramos. Que pueda multiplicar la receta entera por si hago el doble. Y que me deje guardar cada receta ya convertida con su nombre.»
Lo que apareció
En la misma pestaña se montó una app de una sola pantalla:
- Una fila por ingrediente, con un desplegable para el ingrediente, otro para la medida, un campo para la cantidad (entiende «1 y 1/2») y los gramos al lado.
- Una tabla de equivalencias a la vista y editable. Aquí está la gracia: una taza de harina no pesa lo mismo que una de azúcar, y el modelo no se lo oculta. Si Paula pesa su taza de harina tamizada y le sale otra cosa, cambia el número y toda la app se recalcula con el suyo.
- El pocillo como medida propia, con un valor de partida que Paula ajustó después de medir con agua la tacita de café que venía en la misma caja.
- Un multiplicador (×0,5, ×2, ×3) que reescala la receta entera de una vez.
- Un recetario guardado en el propio navegador, con buscador por nombre.
Lo de «manteca del tamaño de un huevo» no lo resolvió por arte de magia: la app lo marca como medida imprecisa y le deja apuntar su propia estimación. Mejor eso que un número inventado con mucha seguridad.
Por qué así
Paula no quería instalarse una app de cocina llena de anuncios ni abrirse una cuenta solo para pasar a limpio el cuaderno de su tía. Tampoco quería subir fotos de esas páginas a ningún sitio: en los márgenes Elba apuntaba nombres de primos, teléfonos y fechas de cumpleaños. Aquí no hizo falta. La app se generó dentro del navegador, con el modelo funcionando en su propio dispositivo, y las recetas convertidas se guardan ahí mismo. También funciona sin conexión, que es justo lo que pasa en su cocina, adonde el wifi casi nunca llega.
Ya lleva diecinueve recetas pasadas. El bizcochuelo le salió a la segunda: la primera vez había calculado la taza de harina rasa, y por lo visto Elba la llenaba hasta arriba. Paula cambió ese número en la tabla y desde entonces no le ha vuelto a fallar.
Si tienes un cuaderno de recetas que no hay quien pase a gramos, pídeselo a Elffuss Claw: el conversor se genera en tu navegador y tus recetas no salen de tu dispositivo.
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