Paqui tiene una peluquería de barrio con dos sillones y un cuaderno de espiral que vale más que la caja registradora. Ahí están las fórmulas de color de casi todas sus clientas: qué tono, cuánto oxidante, cuánto tiempo de exposición y alguna nota tipo «pica en la nuca» o «no subir más, que luego no le gusta». Veinte años de apuntes, con manchas de tinte, flechas y tachones.
El problema llegó un martes. Entró Remedios, que no venía desde antes del verano, y Paqui no encontraba la página. La encontró al final, entre dos hojas pegadas: «6.34 + un poco de 7». ¿Cuánto es un poco? Ni idea. Lo hizo a ojo, salió bien, pero esa noche decidió que no podía seguir así.
Lo que pidió
Su sobrino le había enseñado Elffuss Claw, así que abrió el navegador en el ordenador del mostrador y escribió, tal cual:
«Quiero una ficha por clienta con el nombre, el tinte, los gramos de cada tono, el oxidante, los minutos y una nota. Que pueda buscar por nombre y que me diga cuándo vino la última vez. Y que se guarde aquí, que esto no lo quiero en ningún sitio raro.»
Esa última frase no era una manía. En el cuaderno hay cosas que no se cuentan en la puerta: quién se tapa las canas desde los treinta, quién tuvo una reacción alérgica, quién está en tratamiento y por eso cambió de producto.
Lo que apareció
Claw generó la app al momento, dentro de la misma pestaña:
- Buscador por nombre arriba del todo, que filtra mientras escribes.
- Ficha de cada clienta con varias líneas de color (tono y gramos), oxidante en volúmenes, tiempo de exposición y un campo libre para notas.
- Historial de visitas: cada vez que Paqui guarda una aplicación nueva, queda fechada debajo de las anteriores, así ve cómo ha ido cambiando la fórmula.
- «Última vez» en grande, con los días que han pasado.
- Un botón de «repetir la de la última vez» que copia la fórmula anterior para retocar solo lo que cambia.
Le pidió un ajuste: que las alergias salieran en rojo nada más abrir la ficha. Lo escribió en una frase y la app se rehízo con ese cambio.
Por qué le encaja
Paqui no ha instalado nada ni se ha dado de alta en ningún programa de gestión de salones con cuota mensual. La app se genera y funciona en su navegador, y las fichas se quedan guardadas en ese mismo ordenador. Las notas sobre la alergia de una clienta o su tratamiento no viajan a ningún servidor, que es justo lo que pedía al escribir «aquí».
Tampoco depende de que el wifi del local, que va como va, esté de buenas. Un sábado por la mañana, con tres clientas esperando, eso cuenta.
Ahora dedica los ratos muertos entre una cita y otra a pasar el cuaderno a limpio. Va por la letra M. Cuando vuelva Remedios, ya no habrá «un poco de 7»: pondrá 15 gramos, porque esta vez lo apuntó bien.
Si tú también tienes un cuaderno que se te deshace, abre Elffuss Claw y pide tu app con tus palabras: se genera y funciona en tu navegador, sin instalar nada y sin subir tus datos a ningún sitio.
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