Inés lleva cuatro años organizando el amigo invisible de los primos. Son once, y cada año el bol de papelitos da el mismo disgusto: a Carlos le toca su mujer, Lola saca su propio nombre y lo dice en voz alta, y Tomás vuelve a regalarle al mismo primo que el año anterior. Este año el sorteo se hace en la comida de Todos los Santos en casa de la abuela, y ella quería llegar con algo mejor que un bol.
Así que una noche abrió Elffuss Claw y lo escribió tal cual: «Hazme un sorteo de amigo invisible para 11 personas. Las parejas no se pueden tocar entre ellas, nadie puede repetir el que le tocó el año pasado y quiero que cada uno vea solo el suyo pasándose el móvil. Ni yo quiero saber quién le toca a quién.»
Lo que apareció
Al poco tenía en pantalla una app de una sola página con tres partes:
- Participantes: una lista para escribir los nombres y marcar quién va en pareja con quién.
- Restricciones: para cada persona, a quién no le puede tocar este año. Ahí metió el reparto de la Navidad pasada, que tenía perdido en un mensaje del grupo.
- El sorteo: un botón que hace el reparto respetando todas las reglas y luego enseña los once nombres. Tocas el tuyo, ves a quién le regalas, pulsas «ocultar» y tu nombre queda tachado para que nadie más lo abra.
Después le pidió un campo de presupuesto. Puso 25 euros, y ahora la cifra aparece debajo de cada resultado para que nadie se haga el despistado.
La prueba antes de la comida
Inés no se fio a la primera, y bien hecho. La probó con nombres inventados y forzó un caso imposible: solo tres personas, dos de ellas pareja. Así no hay reparto posible, y la primera versión se quedaba en blanco. Se lo dijo a Claw en una frase, «si no hay forma de cumplirlo, dímelo», y la versión siguiente ya mostraba un aviso claro que explicaba qué regla lo impedía. Luego, con los nombres de verdad, repitió el sorteo varias veces para comprobar que nunca salía nadie con su pareja ni con el del año pasado.
Por qué así y no con una web de sorteos
Webs de amigo invisible hay muchas, pero casi todas piden el correo de cada participante, que alguien se cree una cuenta o mandan los resultados por email. Inés no quería pedirle el correo a su tía de 78 años ni dejar la lista de su familia, con parejas incluidas, en el servidor de nadie. Aquí el reparto se calcula en el navegador del propio móvil y no sale de ahí. No hay registro ni envíos. El resultado se queda guardado en ese teléfono, por si alguien se olvida de lo que le tocó, y en ningún otro sitio. Ni siquiera ella lo ha visto, que era justo lo que pedía.
«Lo mejor es que no tengo que fiarme de mí misma. Antes siempre había alguien que decía que yo había hecho trampa.»
El 1 de noviembre el móvil dará la vuelta a la mesa: once toques y once «ocultar». Si la prueba vale de algo, por primera vez en cuatro años nadie va a sacar su propio nombre.
¿Tienes un sorteo con reglas raras que ningún bol resuelve? Pídeselo con tus palabras a Elffuss Claw: la app se genera y funciona en tu navegador, sin instalar nada y sin que tus datos salgan del dispositivo.
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