Los domingos por la tarde, en la trastienda de la peña de Valdeolivas, Rafa reparte las cartas de un chinchón que ya se jugaba allí antes de que él naciera. Son cinco jugadores fijos, con una hoja cuadriculada y un boli que nunca aparece. El problema es la hoja. Alguien suma mal, otro tacha encima y a la tercera mano ya están discutiendo si Paco ha pasado de cien o se ha quedado en noventa y ocho.
Lo peor son los reenganches. En su mesa, el que pasa de cien puede volver a entrar con los puntos del que peor va de los que siguen en juego, pagando otra vez al bote. Llevar eso en una hoja tachada es buscarse una bronca.
Lo que pidió
Rafa abrió Elffuss Claw en la tableta vieja que tienen en la barra y lo escribió tal cual:
«Quiero un marcador de chinchón para cinco. Que sume cada mano, que avise cuando alguien pase de 100 y que deje reengancharse con los puntos del que más tenga de los que quedan. Y números grandes, que aquí nadie trae las gafas de cerca.»
Lo que apareció
Al momento tenía delante una app de una sola pantalla:
- Cinco columnas con nombre que se pueden cambiar, y arriba el total de cada uno en letra bien gorda.
- Una fila por mano: se apuntan los puntos de cada jugador y la suma se rehace sola.
- Un botón de «−10» para el que cierra sin nada, que en su mesa descuenta.
- Un aviso en rojo cuando alguien pasa de 100. Al lado sale un botón de reenganchar que le pone los puntos del peor que sigue en juego y le apunta una rayita junto al nombre.
- Deshacer la última mano, porque siempre hay alguien que canta los puntos antes de contarlos.
Rafa pidió enseguida un cambio: «que el chinchón gane la partida directamente, con un botón». Claw rehízo la app y apareció el botón, con una estrella. Luego pidió otra cosa: que al final de la partida salga cuántos reenganches ha pagado cada uno, para cuadrar el bote sin discutir. También quedó hecho.
Por qué aquí encaja tan bien
A la trastienda de la peña no llega el wifi de la barra, y la cobertura va y viene. Da igual. Claw ya se había cargado una vez en esa tableta y desde entonces funciona sin conexión: el modelo genera la app ahí mismo, dentro del navegador, sin depender de ningún servidor. Tampoco hubo que instalar nada ni crear una cuenta, y eso en una mesa donde casi todos pasan de los sesenta y cinco se agradece más de lo que parece.
Lo que se apunta se queda en la tableta: los nombres de cinco vecinos, quién se ha reenganchado tres veces y quién le debe dos euros al bote. No es información delicada, pero tampoco tiene por qué salir de la mesa.
El domingo pasado Paco volvió a pasar de cien. Esta vez nadie discutió, porque estaba en rojo y con unos números como puños.
Si tu partida también acaba en discusión por una hoja tachada, abre Elffuss Claw y pide tu marcador: se genera en tu navegador y lo que apuntes no sale de tu dispositivo.
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