Lucía entrena los sábados por la mañana al benjamín B de su barrio. Juegan fútbol 7, convoca a doce críos y los partidos tienen dos partes de veinticinco minutos. El club tiene una norma que ella defiende a muerte: todos juegan, como mínimo, medio partido. Da igual si el equipo va ganando o perdiendo.
El problema es cumplirla. Los cambios se hacen sobre la marcha, sin parar el juego. Entre corregir una posición, atar unas botas y consolar al que se ha caído, Lucía perdía la cuenta. Llevaba los minutos en una libreta con palitos que al final no cuadraban. Y en la grada siempre había un padre con el reloj en la mano: «Mi hijo ha jugado diez minutos». A veces tenía razón.
Lo que pidió
Un viernes por la noche abrió Elffuss Claw en el móvil y lo escribió tal cual:
«Necesito una app para la banda. Tengo doce niños, juegan siete a la vez, el partido son dos partes de 25 minutos. Quiero tocar un nombre cuando entra y cuando sale y que me diga cuánto lleva jugado cada uno. Que me avise de quién va justo para llegar a la mitad.»
Lo que apareció
A los pocos segundos tenía en pantalla una herramienta pequeña y muy clara:
- Una lista con los doce nombres, que pudo editar para poner los de su equipo.
- Un reloj de partido con botones de empezar, pausa y descanso.
- Un botón grande junto a cada niño para marcar si está en el campo o en el banquillo. Si ya hay siete dentro, no deja meter a un octavo.
- Los minutos de cada crío, sumados automáticamente. Salen en rojo mientras no llega a los 25 y en verde cuando ya ha cumplido.
- Arriba del todo, un aviso fijo: quién lleva más rato sentado y quién no llega si no entra ya.
Lucía le pidió un retoque más: «Y al acabar, que me salga un resumen para pegarlo en el grupo de los padres». Claw añadió un botón que genera el texto con los minutos de cada niño, listo para copiar.
El primer sábado que la usó, el segundo tiempo fue distinto. A los diez minutos el aviso le dijo que a Dani le faltaban seis para llegar a la mitad, y lo metió. Al final pegó el resumen en el grupo: doce nombres, todos en verde. Nadie dijo nada en la grada, y ella lo tomó como un éxito.
Por qué así y no con otra app
Lucía había mirado aplicaciones de gestión de equipos. Todas pedían crear una cuenta, dar de alta al club y subir a los jugadores. Y estamos hablando de nombres de niños de ocho años, con sus horarios de cada fin de semana. No le hacía ninguna gracia.
Con Claw no ha tenido que subir nada a ningún sitio. El modelo que ha creado la app funciona dentro de su navegador y los nombres no salen del móvil. Tampoco depende de la cobertura, que en el campo municipal es un desastre: la herramienta funciona igual de bien sin conexión. No ha instalado nada ni ha pagado ninguna suscripción por algo que usa una hora a la semana.
Ahora la tiene guardada en la pantalla de inicio, al lado del silbato.
Si tú también tienes una cuenta que se te escapa entre palitos en una libreta, abre Elffuss Claw y pídele tu herramienta con tus propias palabras: se crea y funciona en tu navegador, y no sube ningún dato a ningún sitio.
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