Amparo lleva seis años de voluntaria en el reparto de alimentos de su parroquia, en Getafe. Abren martes y jueves por la tarde, en un cuarto con estanterías metálicas. Las cajas llegan de supermercados, de colegios y de la recogida de Navidad. Comida no falta. Lo que pasa es que a veces se estropea en la balda sin que nadie la vea. «El mes pasado tiramos dos cajas de natillas porque estaban detrás de las de leche», cuenta. Hasta ahora lo apuntaba todo en un cuaderno de espiral por orden de llegada, que justo es el orden que no le sirve.
Lo que pidió
Un martes puso el portátil de la parroquia encima de una caja de garbanzos, abrió Elffuss Claw y escribió esto:
Quiero apuntar lo que entra: qué es, cuántas unidades y cuándo caduca. Que me lo ordene por lo que caduca antes, que me marque en rojo lo de esta semana y que, cuando repartamos, pueda restar unidades sin borrar la línea entera. Y una lista para imprimir con lo que hay que sacar sí o sí.
Lo que apareció
Al momento tenía delante una app de una sola pantalla:
- Un formulario de entrada con producto, unidades, fecha de caducidad y la balda donde está (A1, B3…). La balda la pidió Amparo después, porque un aviso no sirve de mucho si luego hay que buscar el producto.
- Una tabla ordenada por caducidad con tres colores: rojo si caduca en los próximos siete días, ámbar si caduca dentro del mes y sin color el resto.
- Botones de − y + en cada línea para ir restando lo que sale en el reparto. Cuando una línea llega a cero, pasa sola a un apartado de «agotado».
- «Sacar esta semana»: una vista para imprimir solo con lo que está en rojo y su balda. Ahora la pegan con celo en la puerta.
La primera versión ordenaba bien, pero juntaba los lotes: si entraban veinte yogures el lunes y doce el jueves, los sumaba aunque caducaran en fechas distintas. Amparo le pidió que cada entrada fuera una línea propia aunque el producto se llamara igual, y la siguiente versión ya lo hacía.
Por qué así y no con una hoja en la nube
El portátil es de todos, la wifi de la parroquia va cuando quiere y nadie del grupo quiere crear cuentas ni acordarse de contraseñas. Claw genera la app dentro del propio navegador, con un modelo que funciona en el mismo equipo. No hay que instalar nada ni registrarse, y lo que se apunta se queda en ese portátil. Además, Amparo tenía clara una cosa: «Aquí no se apunta quién se lleva qué. Eso se lo guardan las que reparten». La app solo sabe de yogures, latas y fechas, y ni siquiera eso sale del portátil.
Tres semanas después, el cuaderno de espiral sigue en el cajón, pero ya solo para los teléfonos de los supermercados. Y las natillas ya no se quedan olvidadas detrás de la leche.
¿Necesitas una lista de caducidades o cualquier otra herramienta pequeña? Pídesela a Elffuss Claw: se crea en tu navegador, funciona sin conexión y no sube tus datos a ningún sitio.
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