Álvaro traduce manuales técnicos del alemán y del inglés desde el cuarto del fondo de su piso en Zaragoza. Trabaja para cuatro clientes. Cobra por palabra, así que su pregunta de cada fin de mes era siempre la misma: ¿este encargo me ha salido a cuenta o me he matado por nada?
Llevaba un tiempo apuntando las horas en un cuaderno. Se le olvidaba darle al inicio, se le olvidaba parar, y el viernes sumaba a ojo. Probó dos aplicaciones de seguimiento de tiempo. Una le pedía crear cuenta y la otra tenía el plan gratis capado justo en la función que él quería: el total por cliente y por semana.
Así que abrió Elffuss Claw, que corre en el navegador con un modelo de IA en su propia tarjeta gráfica, y escribió esto, tal cual:
Hazme un cronómetro con cuatro botones, uno por cliente: Hartmann, Vela, Ortiz y Manuales Norte. Si pulso uno, para el anterior y empieza a contar el nuevo. Guarda cada tramo con la hora de inicio y fin. Abajo quiero una tabla con las horas de esta semana por cliente y una columna que divida lo que cobré entre las horas.
Lo que apareció
En unos instantes tenía una página con cuatro botones grandes, un reloj corriendo para el cliente activo y la tabla de la semana. Faltaba algo: la tarifa se tenía que poder escribir, no venía fija. Se lo dijo («pon un campo de importe cobrado en cada fila de cliente») y el modelo reescribió la página con los campos. Otro ajuste: que no se perdiera nada al cerrar la pestaña. Claw lo guardó en el propio navegador.
- Cambio de cliente con un clic, sin acordarse de parar el anterior.
- Tramos con inicio y fin, para poder corregir cuando se va a por un café y se deja el reloj en marcha.
- Horas por cliente y semana, con el precio por hora al lado.
Con la primera semana de uso descubrió lo que sospechaba, pero con números: Manuales Norte, el que parecía el más cómodo, era el que peor le pagaba por hora real, porque las consultas de terminología se comían la tarde.
Por qué mola que sea local
Las horas de Álvaro, con los nombres de sus clientes y lo que le paga cada uno, no son algo que le apetezca subir a un servicio ajeno. Aquí no hay nada que subir: la app se genera en su navegador, vive en su navegador y los datos se quedan en su ordenador. No creó cuenta, no instaló nada y funcionó igual un domingo sin wifi en casa de sus suegros.
Y como la app la ha pedido él con sus palabras, si el año que viene tiene un quinto cliente, añade un botón diciéndolo y ya está. Sin esperar a que nadie lo programe.
Abre Elffuss Claw, cuéntale la herramienta que te falta con tus palabras y úsala al momento: todo corre en tu navegador, sin subir ningún dato.
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