En el piso de Dani, en la calle Toro de Salamanca, viven cuatro: Dani, Irene, Marcos y Yeray. Hasta octubre, las tareas se repartían en una pizarra blanca pegada a la nevera. El problema no era repartirlas. El problema era que la pizarra se quedaba congelada en la semana del 6, que alguien borraba su nombre con el codo y que cada domingo empezaba la misma discusión: «yo el baño lo hice la semana pasada», «ya, pero la basura la bajé yo tres veces».
Lo que pidió, tal cual
Un domingo por la noche, con la discusión todavía caliente, Dani abrió Elffuss Claw en el portátil y escribió esto:
«Hazme un cuadrante de tareas para un piso de cuatro personas: baño, cocina, basura y fregar el suelo. Que cada lunes rote solo, que cada uno pueda marcar que lo ha hecho, y que si alguien cambia con otro quede apuntado. Y que se vea quién va acumulando tareas sin hacer.»
No había más especificación. Ni colores, ni diseño, ni nada. Lo que necesitaba era que la discusión del domingo dejara de existir.
Lo que apareció
Claw generó la app ahí mismo, en la pestaña del navegador. Esto es lo que traía:
- Una tabla de la semana actual con las cuatro tareas y el nombre de quien le toca cada una. Al llegar el lunes, los nombres bajan una fila y el último sube arriba.
- Una casilla por tarea para marcar «hecho», que guarda el día en que se marcó.
- Un botón de «cambio»: eliges dos personas, se intercambian esa tarea esa semana y queda una línea en el historial: «Semana 43: Marcos cambia basura con Irene».
- Un pequeño marcador con las tareas pendientes de cada uno de semanas anteriores. Nada de castigos, solo el número a la vista.
Dani le pidió un ajuste: que la basura no fuera semanal, sino que se marcara cada vez que se baja. Claw rehízo esa fila con un contador en vez de una casilla. Dos minutos de ida y vuelta, y listo.
La tablet de la cocina
En un cajón había una tablet vieja de Yeray que ya nadie usaba. La apoyaron en la repisa junto a la cafetera, abrieron la app en su navegador y la dejaron ahí. Quien friega, lo marca. Quien cambia, lo apunta. Los datos se quedan guardados en esa tablet y en ningún otro sitio.
Y eso, en un piso de estudiantes, importa más de lo que parece. Nadie tuvo que descargarse otra aplicación ni crearse una cuenta, y nadie tuvo que aceptar que una empresa supiera quién de los cuatro friega menos. Lo que pasa en el piso se queda en el piso, en una repisa de la cocina. Tampoco depende del wifi, que en ese edificio va como va.
Tres semanas después, el marcador de pendientes lleva un mes en cero para todos menos para Marcos, que tiene uno. Dice que fue la semana de exámenes. Nadie se lo discute: está apuntado, y con eso basta.
Si en tu casa también hay una pizarra que nadie actualiza, abre Elffuss Claw y pide tu cuadrante: se genera y funciona en tu navegador, y los datos no salen de tu dispositivo.
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